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Myanmar y Bangladesh: el eterno conflicto por la masacre rohingya

Madre e hijo en Bangladesh

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos.

El reflejo de la crisis de los refugiados rohingyas que se desplazan desde Myanmar hasta Bangladesh es el campo de Kutupalong, situado cerca de la frontera entre ambos países (específicamente en la ciudad bangladesí de Cox’s Bazar). Cuando estalló la última oleada de violencia contra el pueblo rohingya, este sitio se convirtió en el mayor campo de refugiados del mundo.

Miles de personas han huido de Myanmar para salvar su vida y han sido acogidos en Kutupalong que, por su magnitud, comenzó a tener una necesidad muy concreta: una fluida comunicación entre sus habitantes.  Sobre todo, si tenemos en cuenta que datos de 2018 hablan de más de 500.000 personas viviendo en este campo de refugiados.

Con tan solo 18 años, Abdullah creó una radio comunitaria para los refugiados rohingya. Radio NAF está íntegramente dedicada a esta comunidad y lleva informaciones a todos los rincones de este enorme campo a través de consejos útiles y comunicados que son fundamentales para su vida. “Tienen problemas de refugio, de salud, de agua y sanitarios… Y necesitan apoyo. Por eso decidimos hacer programas con los rohingyas, por los rohingyas y para los rohingyas”, dice Rashidul Hasan, el coordinador de programas de Radio NAF.

Pese a la tragedia y al trauma de estos miles de personas que han huido de Myanmar por temor a perder su vida y habiendo perdido familiares cercanos, iniciativas como estas ayudan a que se sientan mejor acogidos en su nuevo destino.

El conflicto entre Myanmar y Bangladesh por la masacre rohingya ha tenido tanta repercusión mundial que la famosa actriz Cate Blanchett visitó a integrantes de esta comunidad en sus campos de refugiados y en calidad de Embajadora de Buena Voluntad de ACNUR. Y también pidió ante el Consejo de Seguridad de la ONU cubrir las necesidades urgentes de los rohingyas refugiados.

Si bien el conflicto tuvo su eclosión en 2017 y 2018, actualmente se siguen conociendo datos del trato aberrante que los rohingyas han sufrido en Myanmar. A mediados del año pasado, un informe de la Misión Investigadora de ONU para este país informaba que soldados del ejército practicaron actos sistemáticos de violencia sexual contra hombres, mujeres, niños, niñas y transgénero, transgrediendo las leyes humanitarias internacionales. Según este informe, las prácticas incluían torturas con golpizas, quemaduras de cigarrillos, apuñalamientos y esclavitud sexual.

Educación para niños y niñas rohingyas

Hasta hace muy poco, a los niños y niñas rohingya que viven en los campos de refugiados de Bangladesh se les impedía recibir una educación formal, es decir, a través de los planes de estudio usados por Myanmar y Bangladesh. En su lugar, recibían educación primaria en centros de aprendizaje temporales establecidos por la agencia de la ONU para la Infancia, UNICEF.

Pero el gobierno de Bangladesh decidió aprobar una medida para que los niños de esta comunidad accedan al derecho universal de la educación formal. «No queremos una generación perdida de rohingya. Queremos que tengan educación. Seguirán los planes de estudio de Myanmar», dijo el canciller A.K. Abdul Momen.

Según el Ministerio de Relaciones Exteriores, los niños y niñas refugiados rohingyas recibirán educación en historia y cultura de Myanmar hasta los 14 años. Y también capacitación para que puedan retomar sus estudios cuando regresen a su país de origen. «No puedo expresar mi alegría con palabras … las generaciones de rohingya apenas tuvieron educación en su tierra natal en Myanmar, ya que fueron discriminados allí y se les robó su ciudadanía», dijo el líder juvenil rohingya y activista de derechos humanos Rafique bin Habib.

Orígenes del conflicto en Myanmar y la acogida en Bangladesh

Los rohingyas sufren la discriminación y la pobreza extrema desde hace muchos años y son apátridas dentro del país donde nacieron. Myanmar no les permite acceder a la educación formal o al trabajo ni tampoco les da libertad de movimiento.

Pero nada comparado con agosto de 2017, cuando se llegó al punto más candente de la persecución y miles de poblados rohingya fueron destrozados y la población que no fue brutalmente asesinada no le quedó más remedio que huir del país.

Miles y miles de rohingya huyeron a pie a través de las montañas o en precarias barcas a través del río o del mar, llevando las pocas pertenencias que pudieron cargar. En menos de un mes, más de 400.000 refugiados rohingyas cruzaron la frontera entre Myanmar y Bangladesh.

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