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De la guerra en Siria a la pobreza en Líbano

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19/02/2016

Tras años viviendo lejos de su hogar, ahora la pobreza es el mayor reto para los refugiados sirios en Líbano. Alrededor del 70% de los refugiados sirios en Líbano viven por debajo del umbral de la pobreza y se enfrentan a la inseguridad alimentaria. Muchas familias recurren a trabajos en condiciones de explotación y muchos niños refugiados se ven obligados a abandonar la escuela para ayudar a sus familias.

Estos son 7 ejemplos de algunos de los retos a los que se enfrentan los refugiados sirios en Líbano:

1. Un país sin campos de refugiados

 ACNUR/I.Prickett

En Líbano, al contrario que en Jordania o Turquía, el gobierno no permite la construcción de campos para los refugiados sirios. Por este motivo, a lo largo del país, y sobre todo en la zona del valle de Bekaa, próxima a la frontera este de Siria, se despliegan numerosos asentamientos improvisados y barrios de chabolas donde algunas familias llevan años viviendo. ACNUR ayuda a estos refugiados entregándoles materiales para reforzar sus refugios, haciendo visitas familiares para evaluar sus necesidades y derivándoles a los servicios médicos o psicosociales cuando es necesario.

2. Hogares sin paredes

 ACNUR/I. Prickett

El 24% de los refugiados sirios en Líbano vive en edificios en malas condiciones o en espacios precarios. Muchas familias han buscado refugio en edificios abandonados o a medio construir. Es el caso de la familia de Abdul, que para afrontar el invierno en su casa sin paredes necesita los materiales que le entrega ACNUR para poder aislar su casa de los elementos.

3. Refugiados en garajes

Refugiados sirios en un parking abandonado en Líbano.

Los locales comerciales o garajes abandonados son otras opciones de refugio que encuentran los sirios en Líbano. Estos lugares carecen de las condiciones mínimas para poder vivir.

4. Escuelas improvisadas

 ACNUR / S. Baldwin

Más de 200.000 niños sirios refugiados en edad escolar no pueden ir al colegio en Líbano. A pesar de que las escuelas públicas libanesas abrieron turnos de tarde para que los niños sirios refugiados pudieran continuar sus estudios, el sistema educativo libanés está saturado y muchos niños se han quedado sin plaza o no tienen medios de transporte que les trasladen desde sus asentamientos hasta los colegios. Sin educación, el futuro de estos niños refugiados se vuelve todavía más incierto. Ante esta necesidad, algunos refugiados están aportando soluciones en sus comunidades, como es el caso de Fatima, una ex maestra en Siria que ha improvisado un aula en su tienda, donde da clase a los niños de su asentamiento.

5. Trabajo infantil

 ACNUR / A. Mc Connell

Otros muchos niños no pueden ir a la escuela porque tienen que ayudar a sus familias. Es el caso de Mahmoud, de 13 años, trabaja en una pescadería para ayudar a su familia y lleva más de tres años sin ir a la escuela. Vive en una habitación de menos de 10m2 con ocho parientes. O de Talal, que trabaja con otros chavales en una tienda de carbón. Los chicos realizan jornadas de hasta 7 horas para ayudar a sus familias a sobrevivir.

6. Empleos precarios

 ACNUR / L. Addario

Conseguir un permiso de trabajo en Líbano no es posible para los refugiados sirios desde el año 2014, por lo que se ven obligados a aceptar trabajos precarios o en condiciones de explotación para poder costear sus necesidades básicas. Muchos sirios se ganan la vida recogiendo basura o como vendedores ambulantes, entre otras alternativas. Un 54% de los hogares dependen para sobrevivir de los vales de comida o las ayudas económicas en efectivo que les dan las organizaciones humanitarias como ACNUR.

Afortunadamente, existen otros casos de trabajo para refugiados como una de las historias reales con final feliz que tiene lugar en el Hotel Magdas.

7. Mujeres, cabeza de familia

 ACNUR / A. Mc Connell

Según un informe de ACNUR, en 2014, más de 70.000 hogares de refugiados en Líbano estaban encabezados por mujeres solas. Algunas pierden a sus maridos en la guerra y otras no saben dónde se encuentran. Todas ellas se han visto obligadas a asumir la responsabilidad de sacar adelante a sus familias en el exilio y están expuestas a los peligros de la explotación laboral y sexual. Algunas refugiadas sirias trabajan en el sector agrario periódicamente, otras se buscan la vida vendiendo comida o como empleadas domésticas, por ejemplo, pero para la mayoría, supone un reto atender a su familia mientras, a la vez, tratan de subsistir en condiciones precarias.

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