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Educación de calidad con valores y para todos

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La educación de los niños y niñas busca formar adultos que sepan desenvolverse en el mundo que les rodea, pero no se trata solo de que aprendan habilidades como las matemáticas o la física, se trata de que aprendan valores humanos que les permitan ser personas de mente abierta y solidaria. En este sentido, ¿en qué consiste una educación de calidad?, ¿por qué es importante?

En cualquier ámbito de la vida y a cualquier edad, nos relacionamos con personas de todo el mundo, con culturas muy distintas a las nuestras y con problemas que desconocemos. En este contexto, una educación de calidad es la herramienta básica para normalizar la diversidad.  

 

¿Cómo es una educación de calidad?

Una educación de calidad busca la excelencia, la equidad y se desarrolla en un entorno inclusivo en el que se fomentan todas las competencias del alumnado, no solo las más académicas, que fomentan el razonamiento científico o lingüístico, por ejemplo, sino también las sociales, que ponen énfasis en la ética y la inteligencia emocional.

Un entorno educativo inclusivo normaliza y promueve los siguientes conceptos:

  • La diversidad. El método educativo empleado tiene en consideración aspectos como los distintos orígenes del alumnado, sus capacidades o sus intereses.
  • La coordinación entre profesores para garantizar el progreso de todos los alumnos. El trabajo del profesor debe coordinarse con el centro para garantizar que todos los alumnos progresen.
  • La enseñanza de valores. Transmitir valores como la solidaridad o el respeto es esencial para la convivencia.

Un sistema educativo justo e igualitario no puede dejar de lado a los alumnos con más dificultades. No obstante, el proceso educativo no termina cuando se acaba la escuela, sino que continúa durante toda la vida.

¿Qué ocurre con la escolarización de los refugiados?

Un acto tan sencillo como ir al colegio todos los días es, en ocasiones, imposible para los niños refugiados. Según datos de ACNUR, más de 3,5 millones de niños refugiados no van al colegio. En el año 2016, solo un 45% de los 6,4 millones de personas en edad escolar (niños y adolescentes de entre 5 y 17 años) bajo el mandato de ACNUR estuvieron escolarizados.

No solo es un problema el nivel de escolarización, sino que también lo son la escasez de profesores (un profesor por cada 130 alumnos) y de medios (un libro para toda la clase).

Si comparamos los datos, la brecha de escolarización es mayor a medida que avanza el nivel. La escolarización primaria en el mundo  alcanza un 91% y en los refugiados, un 61%; en secundaria, el 84% en el mundo y el 23 % entre los adolescentes refugiados, y en educación superior, el 36% en el mundo y el 1% entre los jóvenes refugiados.

La escolarización sigue siendo, por lo tanto, un asunto pendiente para las personas desplazadas y refugiadas. Sin embargo, es crucial, ya que un entorno educativo favorable puede ayudar a estos niños a desarrollar mecanismos y habilidades personales para afrontar y superar la realidad que están viviendo. Así pues, ir a la escuela les permite adquirir nuevos conocimientos y relacionarse con otros niños, lo cual mejora su autoestima, y les da esperanza y una razón para superar todas las dificultades.

La educación es un derecho contemplado en la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948. ¿Quieres ayudar a que los refugiados puedan ejercer su derecho? Hazte socio.

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