¿Sabías que si todas las niñas refugiadas pudieran ir al colegio, el matrimonio infantil se reduciría en un 64%? ¿O que cada año que una niña...
La desigualdad de género sumada a tener que huir de su país las sitúa en una posición especialmente vulnerable. Las niñas refugiadas tienen la mitad...
El 23 de mayo de 2017, la conocida como la batalla de Marawi en la ciudad filipina del mismo nombre dejó a 360.000 personas fuera de sus hogares. Un año después...
Cuando decidimos dar nuestro dinero a una organización humanitaria, nos gusta saber dónde está yendo a parar. Por eso, la transparencia en las cuentas de donaciones a ONG...
Cada día, más refugiados huyen de la violencia en Guatemala, Honduras y El Salvador. Algunos, como Armando, se arriesgan a viajar en un tren de carga conocido como...
El campo de Kakuma tiene más de 25 años de vida, acoge a tantas personas como San Sebastián y ha pasado a la historia por ser el primero...
El continente africano no se caracteriza precisamente por su presencia mediática. Enfermedades endémicas, desafíos humanitarios, pobreza, corrupción, oportunidades de expolio y algún artista escapado copan...
Nuevamente, la Diputación de Huelva muestra su respaldo a la población refugiada y a la labor humanitaria y de protección desarrollada por ACNUR. Durante 2018, la Diputación...
Volver a Empezar es el primer podcast del Comité Español de ACNUR, conducido y presentado por Molo Cebrián, creador de Entiende Tu Mente o Saliendo Del Círculo.
En esta nueva temporada de Volver a Empezar hablamos con mujeres que se han visto desplazadas por la fuerza, pero que no se dejan definir por estas circunstancias. Son mujeres incansables, que día a día superan la adversidad y la desigualdad y que además luchan por aquello en lo que creen: una vida digna para todas, para poder vivir en paz. Casi 60 millones de mujeres y niñas están desplazadas en todo el mundo, a ellas les dedicamos la novena temporada del Podcast del Comité español de ACNUR.
En la Temporada 8 de "Volver a empezar", el podcast del Comité español de ACNUR, nos preguntamos: ¿Puede el deporte convertirse en refugio? Para responder a esta pregunta hemos hablado con varias personas refugiadas que han tenido que huir de sus hogares, dejar su país y comenzar de cero en España. Personas a las que el deporte les ha salvado la vida. ¿Y cómo es posible esto? En muchas ocasiones lo es gracias a organizaciones, fundaciones y asociaciones que apuestan por el deporte como herramienta integradora de las personas refugiadas. Y es que el deporte integra, empodera, une, ayuda y puede convertirse en hogar, especialmente cuando el tuyo ha quedado muy lejos.
¿Te imaginas tener que abandonar tu país y empezar de cero para poder salvar tu vida? El protagonista de esta temporada tuvo que hacerlo: le llamaremos Juan. Por motivos de protección, prefiere no decir su nombre, ni de dónde viene, pero sí puede contarnos cómo ha logrado comenzar una nueva vida en un pequeño pueblo de la llamada España rural, ayudando a combatir el despoblamiento. Allí, donde muchos otros no quieren ir, Juan está construyendo un hogar seguro junto a su familia. Acompáñanos a conocer su historia en la séptima temporada del podcast del Comité español de ACNUR.
El cambio climático ha llegado para quedarse y marcar nuestro presente y nuestro futuro. Pero, ¿qué es exactamente? ¿Qué consecuencias tiene y cómo podemos luchar ante su avance? ¿Cómo afecta a las personas más vulnerables del planeta? En la temporada 6 de "Volver a empezar" resolvemos estas preguntas sobre el cambio climático hablando con expertos en el tema. Te esperamos.
Como no podía ser de otra manera, dedicamos la Temporada 5 de Volver a empezar a Ucrania. Queremos conocer de cerca cómo se vive en un país en guerra, cómo es huir de este conflicto y comenzar de cero en un lugar nuevo. Pero también vamos a mostrar qué labor está realizando Acnur en esta situación y cómo podemos ayudar cada uno de nosotros. Te esperamos.
Esta es la historia de una persona que gracias al boxeo tuvo una segunda oportunidad. No solo ella, sino también toda su familia.
Ella es Sadaf. Mujer, boxeadora, refugiada, valiente y luchadora. Nació en Afganistán, uno de los peores países del mundo para nacer mujer. Si quieres conocer su historia, ¡dale al play! y si te emociona tanto como a nosotros, comparte este podcast.
La tercera temporada de Volver a Empezar tiene nombre propio: Sergio Chekaloff. Una persona que ha pasado 74 años buscando el reconocimiento de una nacionalidad.
Su historia es la de millones de personas en todo el mundo que carecen de derechos políticos, jurídicos y sociales por el hecho de no ser considerados ciudadanos. Son apátridas.
En esta segunda temporada de Volver a Empezar conoceremos a Sergio, Gleici y Cristian. Ellos se vieron obligadas a abandonar sus países y que al llegar a España se toparon con una situación excepcional por la pandemia de COVID-19. A pesar de sus dificultades personales, y aún a riesgo de contagiarse, volvieron a armarse de valor para ayudar a quienes más lo necesitaban.
Befriending es la primera temporada de Volver a Empezar. En ella conoceremos la historia de tres mujeres valientes. Dos de ellas lo dejaron todo atrás en sus países para volver a empezar. Una vez en España, forjaron una amistad que les ha ayudado a salir adelante en el día a día.
En lo que llevamos de año, más de 225.000 personas han llegado a la frontera sur de Europa a través del Mediterráneo. Se estima que unas 2.100 han perdido la vida o desaparecido en el mar. Sólo a Grecia, entre enero y finales de julio de este año, han llegado más de 124.000 personas, lo que supone un aumento del 750% con respecto al mismo periodo del año anterior. El agravamiento de la situación está provocado por el incremento de los conflictos armados, la violencia o la persecución en los países de origen de estas miles de personas que se juegan la vida en el mar con la esperanza de encontrar un futuro mejor. La del Mediterráneo es hoy en día una de las rutas más transitadas y peligrosas que hay en el mundo, pero también la única vía que encuentran miles de personas para tratar de reiniciar sus vidas. Una crisis de refugiados, no de inmigrantes Tal y como ha afirmado el Alto Comisionado de ACNUR, António Guterres, “la mayoría de las personas que llegan por mar a Europa son refugiados que huyen de la persecución y de la guerra”. Los principales países de origen de las personas que arriesgan sus vidas en el Mediterráneo son Siria, Afganistán, Irak, Somalia, Eritrea…, países en guerra o que sufren conflictos bélicos desde hace años. Tras dejar su país, estas personas sobreviven en países vecinos hasta que sus recursos se acaban y, es entonces, cuando contemplan la última de sus opciones: embarcarse en un peligroso viaje por mar. Nuevas dificultades para los que logran llegar Los centros de recepción en Grecia están saturados. Miles de familias –sirias en su mayoría- se hacinan a la espera de coger un barco que les lleve a Atenas o de tramitar sus papeles y solicitar asilo. La solidaridad de los vecinos y la asistencia de organizaciones como ACNUR y ONG locales les está permitiendo subsistir, pero las condiciones en las que viven son precarias. En Italia las infraestructuras de acogida de refugiados están también al límite. ACNUR está facilitando materiales básicos y agua a las personas que llegan a la costa griega, además de colaborar en la coordinación de los traslados a otros puntos del país y de ofrecer asesoramiento legal a los recién llegados.
Amir, Raoul, Ahmat, Adim… forman parte de un grupo de adolescentes que se han unido para formar una particular familia. Tienen entre 13 y 17 años y tuvieron que huir de su país, la República Centroafricana (RCA), a causa del conflicto que se vive allí desde el año 2014. Llegaron a Chad huérfanos o separados de sus padres, vivieron durante un tiempo en centros de menores en la capital, donde se hicieron grandes amigos, y poco después ACNUR les propuso dos opciones: ir a vivir con familias de acogida (una solución habitual en casos de menores refugiados que cruzan solos las fronteras), o bien vivir juntos bajo la tutela de una persona adulta. En este caso, el grupo de chavales no lo dudó y optó por mantenerse unido y comenzar juntos una nueva vida en Chad, a pesar de las dificultades que esta elección conllevaba. Fueron trasladados al asentamiento de Dosseye, a unos 80 kilómetros de la frontera con la RCA, donde viven más de 21.000 refugiados centroafricanos. Comenzar una nueva vida y superar los traumas Una vez instalados en el campo, pronto se dieron cuenta de que la vida allí no iba a ser fácil. Las condiciones son duras y los chicos se tuvieron que organizar para salir adelante. Se reparten en cuatro grupos de tres para hacer las tareas diarias como recoger leña, agua, cocinar o limpiar. Incluso han establecido castigos si no se cumplen las tareas, pero como dice Amir riéndose, “nunca se han llevado a cabo”. Han aprendido a cocinar, a criar gallinas y a seguir una rutina diaria que les permite llevar una vida relativamente normal pero muy diferente a la que tenían en su país. Ellos vivían en Bangui, la capital de la República Centroafricana. Allí fueron testigos de la violencia del conflicto que se desató en 2014. Amir y Moussa “Vi los asesinatos”, afirma Amir, de 14 años, mientras se le quiebra la voz. Su madre le escondió de los milicianos que vinieron a buscarle a casa. Al día siguiente, acordó con unos soldados chadianos que se llevaran a su hijo con ellos. Le llevaron al aeropuerto y allí pudo salir en uno de los aviones que estaban evacuando del país a los nacionales de Chad. Desde entonces, el chico no ha sabido nada de su madre y teme que pueda estar muerta. Otros, como Moussa, han visto morir a sus familiares. “A mi padre le mataron con un machete” dice. Sueños de futuro El domingo es el día reservado por los chicos para reunirse y charlar sobre estos traumas del pasado pero también sobre sus sueños de futuro. Quieren ser ingenieros, futbolistas o altos funcionarios en otros países. Pero saben que para lograr todo eso antes es necesario formarse. “Nuestra esperanza es poder estudiar. Sólo si recibimos educación tendremos un futuro”, dice Amir. ACNUR les ha facilitado unas bicicletas para recorrer los 7 kilómetros que separan la escuela de su hogar en el campo de Dosseye. También les asesora y sigue de cerca su evolución. Los adolescentes están además bajo la tutela de Mariana, de 65 años, su abuela adoptiva, que también cuida a otra niña de 13 años que llegó sola a Chad. Amir dice que cuando se siente mal o triste le gusta ir a verla porque les ayuda y les escucha.“No quiero que estén merodeando por el campo”, asegura Mariana. “Les animo a que estudien y no piensen en los parientes que han perdido. Deben mirar al futuro”, dice. Aunque su futuro puede parecer incierto hoy por hoy, estos chicos se mantienen fuertes y unidos por una gran amistad que han jurado no romper ni siquiera por amor. Están decididos a seguir centrándose en sus estudios y en buscar un trabajo el día de mañana que pueda ayudarles a cumplir sus sueños. La educación es uno de los pilares del trabajo de ACNUR en todo el mundo. Si tú también quieres colaborar para dar un futuro a miles de niños refugiados, puedes hacerlo uniéndote a ACNUR como socio. NOTICIAS RELACIONADAS: ACNUR y el futuro del desplazamiento ACNUR solicita ayuda para los refugiados de la República Centroafricana El pequeño Ibrahim ha vuelto a nacer Al menos 17 muertos y 27 desaparecidos en el ataque contra una iglesia en República Centroafricana Nuevo desplazamiento de población en la República Centroafricana tras el recrudecimiento del conflicto en el centro-norte ACNUR intensifica la entrega de ayuda a los refugiados centroafricanos que llegan a Camerún
Hace un año, la crisis de desplazamiento interno en Irak se agravó con el estallido de violencia en el norte del país y la toma de Mosul por parte de las milicias del Estado Islámico. Miles de personas huyeron precipitadamente de la ciudad y buscaron refugio en otras zonas del norte del país. La mayoría de los desplazados eran personas de confesión yazidí víctimas de la persecución y la violencia. ACNUR puso en marcha una de sus mayores operaciones de envío de ayuda humanitaria con el objetivo de asistir a cerca de medio millón de personas. Un año después, más de 3 millones de iraquíes continúan desplazados viviendo en campos, con comunidades de acogida en otras gobernaciones de Irak o bien en otros países donde han buscado refugio. Una huida difícil y peligrosa Rasmiyya es una entre un millón. Esta mujer de 65 años huyó el pasado mes de abril de Faluya cuando empezaron los enfrentamientos entre las tropas del gobierno y las milicias que controlaban la ciudad desde el verano pasado. Sin electricidad, sin poder trabajar y con los alimentos básicos a un precio muy superior al habitual, no podía seguir con su vida como hasta entonces. Además, Rasmiyya padece diabetes y tuvieron que amputarle una pierna porque durante meses no pudo acudir a sus revisiones médicas a causa de la inseguridad en la ciudad. "Un cohete cayó a sólo unas calles de distancia," explica Rasmiyya. "Incluso la casa de al lado fue destruida por la explosión", añade. Su hijo Khudair tomó la decisión de huir con su madre y su familia, pero para poder sacarles de la ciudad tuvo que pagar 1 millón de dinares (unos 800 euros). En circunstancias normales, llegar a Bagdad desde Faluya apenas lleva una hora en coche, pero ellos tardaron más de una semana en hacer el recorrido. Con su madre en silla de ruedas y los niños asustados por la situación, Khudair y su mujer Fátima centraron sus esfuerzos en tranquilizarles y mantener a la familia unida durante el largo viaje. Comenzar de nuevo lejos de casa Rasmiya, Khudair y el resto de la familia ahora viven en un pequeño campo para desplazados en un distrito de Bagdad. ACNUR les ha facilitado refugio y materiales básicos de ayuda humanitaria, además de atención médica para Rasmiyya, que ha estado visitando al doctor cada dos o tres días. Sin embargo, el tratamiento ha llegado tarde para ella. “Ayer la enfermera nos dijo que tendrán que amputarle la otra pierna”, dice Fátima bajando la voz para que su suegra no la oiga. Rasmiyya todavía no lo sabe. “No pude decírselo”, confiesa Fátima. El sufrimiento de esta y otras cientos de miles de familias sigue siendo una realidad diaria en Irak. Un año después, los desplazados siguen necesitando asistencia y ayuda humanitaria para poder sobrevivir y recuperar la esperanza de un futuro mejor. En la medida de tus posibilidades, colabora con ACNUR para dar esperanza a estas personas.