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Historia antigua de España, una tierra multicultural

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El territorio que actualmente ocupa España fue, durante la antigüedad, una tierra por la que pasaron las principales civilizaciones del Mediterráneo. En la entonces boscosa Península Ibérica convivieron y batallaron celtas, griegos, fenicios, cartagineses, romanos y germanos. La herencia de todos estos pueblos constituyó el crisol de culturas que fue la Península durante la Edad Media, al que se incorporaron los árabes en el siglo VIII. Este es un breve recorrido por la historia antigua de España:

Tartessos

Poco se sabe de esta mítica civilización salvo que se desarrolló en la costa suroccidental de la Península, surgiendo presumiblemente en torno al 1200 a.C. Los tartésicos tendrían su propio idioma del que no se ha podido establecer ni origen ni familia.

Se regían por un sistema monárquico, destacaron en la metalurgia y prosperaron gracias al comercio con otros pueblos. Tartessos aparece mencionado en crónicas griegas, romanas e incluso en la Biblia, donde se menciona un lugar llamado «Tarshish» que podría corresponder con este antiguo reino.

Tartessos desaparece de la historia en torno al año 500 a.C., probablemente barrido por los invasores cartagineses. Aún hoy, la mayor parte de su historia sigue siendo un misterio.

Los celtíberos

Mucho más documentada está la presencia de pueblos celtas por toda la Península llegados desde el centro de Europa hacia el 1000 a.C. Tras la fusión cultural de los celtas con los pueblos que habitaban la zona, los habitantes de la Península pasaron a ser conocidos como celtíberos. Fueron los dueños indiscutibles del interior peninsular hasta la llegada de los romanos en el siglo II a.C.

Estaban conformados por numerosos pueblos y subculturas que compartían una misma raíz lingüística celta y, probablemente, similares ritos religiosos. Vivían de forma comunitaria en pequeños asentamientos conocidos como castros, aunque también llegaron a desarrollar pequeñas ciudades. Fueron grandes guerreros que participaron en casi todas las guerras que tuvieron lugar en la Península durante la antigüedad hasta que fueron sometidos por los romanos.

Las colonias griegas, fenicias y cartaginesas

Aunque casi nunca se aventuraron hacia el interior peninsular, las principales civilizaciones del Mediterráneo establecieron asentamientos permanentes en la Península. Los primeros en llegar fueron los fenicios, que fundaron ciudades como Cádiz o Málaga. Posteriormente llegaron los griegos, atraídos por la riqueza mineral de la zona, y fundaron las actuales Denia y Alicante.

La primera colonización propiamente dicha, más allá de la fundación de ciudades costeras y puestos comerciales, fue desarrollada por los cartagineses. Provenientes del actual Túnez, los cartagineses influyeron notablemente en los pueblos autóctonos con su cultura, religión y alfabeto. Dada la creciente competencia por el dominio del Mediterráneo occidental con Roma, Cartago reforzó su presencia en el actual territorio de España fundando ciudades como Ibiza o Cartagena.

El Imperio Romano

El proceso de conquista de toda la Península Ibérica por parte de Roma fue largo y progresivo. Durante 200 años las legiones romanas fueron avanzando y colonizando el territorio que finalmente sería bautizado como Hispania, de donde procede el nombre actual de España, que junto a Portugal, conforman la antigua provincia romana.

Los romanos ejercieron una completa colonización de la Península y su herencia actual es indiscutible. Todos los idiomas actualmente oficiales en España provienen del latín, excepto el euskera. Fundaron numerosas ciudades como Mérida, Tarragona o León y construyeron miles de kilómetros de calzadas que permitieron que la Península estuviera conectada por primera vez en la historia.

Pero ante todo, generaron una primera noción de identidad común entre los pueblos que vivían en la provincia de Hispania. En su etapa final, el Imperio Romano comenzó el proceso de cristianización de la Península, que posteriormente culminarán los visigodos.

Las invasiones bárbaras

A partir del siglo V el poder del Imperio Romano estaba claramente debilitado. Las hasta entonces impenetrables fronteras de Roma eran inexistentes y diferentes oleadas de invasores de origen germánico habían empezado a asentarse formalmente en territorio imperial.

Ante la incapacidad para defender militarmente Hispania de las invasiones de Suevos, Vándalos y Alanos, Roma comenzó a utilizar como mercenarios a los visigodos, otro pueblo germánico. Finalmente, los visigodos acabarán asentándose en la Península e imponiendo su autoridad.

Durante este periodo, los pueblos germánicos se integrarán con los hispanorromanos generando una nueva cultura. Este pueblo será la base del nuevo reino visigodo que establecerá su capital en Toledo, se convertirá al catolicismo y dominará la Península hasta la llegada de los árabes.

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