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A medio camino entre Libia, Túnez, Malta y Sicilia, Lampedusa es una de las islas más grandes del mar Mediterráneo. Un paraíso turístico asediado en...
Volver a Empezar es el primer podcast del Comité Español de ACNUR, conducido y presentado por Molo Cebrián, creador de Entiende Tu Mente o Saliendo Del Círculo.
En esta nueva temporada de Volver a Empezar hablamos con mujeres que se han visto desplazadas por la fuerza, pero que no se dejan definir por estas circunstancias. Son mujeres incansables, que día a día superan la adversidad y la desigualdad y que además luchan por aquello en lo que creen: una vida digna para todas, para poder vivir en paz. Casi 60 millones de mujeres y niñas están desplazadas en todo el mundo, a ellas les dedicamos la novena temporada del Podcast del Comité español de ACNUR.
En la Temporada 8 de "Volver a empezar", el podcast del Comité español de ACNUR, nos preguntamos: ¿Puede el deporte convertirse en refugio? Para responder a esta pregunta hemos hablado con varias personas refugiadas que han tenido que huir de sus hogares, dejar su país y comenzar de cero en España. Personas a las que el deporte les ha salvado la vida. ¿Y cómo es posible esto? En muchas ocasiones lo es gracias a organizaciones, fundaciones y asociaciones que apuestan por el deporte como herramienta integradora de las personas refugiadas. Y es que el deporte integra, empodera, une, ayuda y puede convertirse en hogar, especialmente cuando el tuyo ha quedado muy lejos.
¿Te imaginas tener que abandonar tu país y empezar de cero para poder salvar tu vida? El protagonista de esta temporada tuvo que hacerlo: le llamaremos Juan. Por motivos de protección, prefiere no decir su nombre, ni de dónde viene, pero sí puede contarnos cómo ha logrado comenzar una nueva vida en un pequeño pueblo de la llamada España rural, ayudando a combatir el despoblamiento. Allí, donde muchos otros no quieren ir, Juan está construyendo un hogar seguro junto a su familia. Acompáñanos a conocer su historia en la séptima temporada del podcast del Comité español de ACNUR.
El cambio climático ha llegado para quedarse y marcar nuestro presente y nuestro futuro. Pero, ¿qué es exactamente? ¿Qué consecuencias tiene y cómo podemos luchar ante su avance? ¿Cómo afecta a las personas más vulnerables del planeta? En la temporada 6 de "Volver a empezar" resolvemos estas preguntas sobre el cambio climático hablando con expertos en el tema. Te esperamos.
Como no podía ser de otra manera, dedicamos la Temporada 5 de Volver a empezar a Ucrania. Queremos conocer de cerca cómo se vive en un país en guerra, cómo es huir de este conflicto y comenzar de cero en un lugar nuevo. Pero también vamos a mostrar qué labor está realizando Acnur en esta situación y cómo podemos ayudar cada uno de nosotros. Te esperamos.
Esta es la historia de una persona que gracias al boxeo tuvo una segunda oportunidad. No solo ella, sino también toda su familia.
Ella es Sadaf. Mujer, boxeadora, refugiada, valiente y luchadora. Nació en Afganistán, uno de los peores países del mundo para nacer mujer. Si quieres conocer su historia, ¡dale al play! y si te emociona tanto como a nosotros, comparte este podcast.
La tercera temporada de Volver a Empezar tiene nombre propio: Sergio Chekaloff. Una persona que ha pasado 74 años buscando el reconocimiento de una nacionalidad.
Su historia es la de millones de personas en todo el mundo que carecen de derechos políticos, jurídicos y sociales por el hecho de no ser considerados ciudadanos. Son apátridas.
En esta segunda temporada de Volver a Empezar conoceremos a Sergio, Gleici y Cristian. Ellos se vieron obligadas a abandonar sus países y que al llegar a España se toparon con una situación excepcional por la pandemia de COVID-19. A pesar de sus dificultades personales, y aún a riesgo de contagiarse, volvieron a armarse de valor para ayudar a quienes más lo necesitaban.
Befriending es la primera temporada de Volver a Empezar. En ella conoceremos la historia de tres mujeres valientes. Dos de ellas lo dejaron todo atrás en sus países para volver a empezar. Una vez en España, forjaron una amistad que les ha ayudado a salir adelante en el día a día.
En los tres próximos meses, ACNUR y UNICEF pondrán en marcha a lo largo de las rutas más frecuentadas por refugiados e inmigrantes en Europa un total de 20 ‘Puntos azules’ o centros de apoyo especiales para menores no acompañados y familias. Estos centros les proporcionarán seguridad, así como servicios esenciales, juegos, protección y asesoramiento en un solo espacio. En el caso particular de los menores no acompañados, los centros también tienen como objetivo identificar y ofrecer protección a niños y adolescentes que viajan solos y reunirlos con sus familiares en la medida de lo posible, siempre en función del interés superior del menor. Los menores no acompañados o separados de sus familiares, cada vez más numerosos, corren el riesgo de contraer enfermedades, sufrir traumas y convertirse en víctimas de violencia, explotación y trata de seres humanos. Actualmente, ya se encuentran operativos -o a punto de abrir- los primeros centros en Grecia, la Antigua República Yugoslava de Macedonia, Serbia, Croacia y Eslovenia. “Estamos preocupados por el bienestar de los niños y niñas no acompañados y desprotegidos en su recorrido por Europa, muchos de los cuales han vivido la guerra y han padecido dificultades al emprender estos viajes solos”, ha asegurado el Asistente del Alto Comisionado de ACNUR, Volker Türk. Los centros estarán ubicados en lugares estratégicos: en puntos de entrada y salida de fronteras, en centros de registro y en algunos centros urbanos estratégicos, así como a través de equipos móviles. Mujeres y niños, el 60% de las llegadas Los ‘Puntos Azules’ llegan en un momento en el que las mujeres y los niños representan dos tercios de las personas que están llegando a Europa: en febrero, han conformado cerca del 60% de las llegadas por mar, en comparación con el 27% en septiembre de 2015. La identificación de menores con necesidades específicas es un desafío. En algunos países, los viajeros jóvenes fingen ser adultos para evitar que les retengan o retrasen en sus viajes, exponiéndose al riesgo de ser explotados. Durante el pasado año, más de 90.000 menores no acompañados o separados fueron registrados y solicitaron asilo o fueron tutelados en Europa, la mayoría en Alemania y Suecia.
Sudán del Sur es un país joven, de apenas 4 años de vida, y cuyos habitantes llevan tiempo ya conviviendo con la violencia y la guerra. En diciembre de 2013, tras meses de tensiones políticas, la violencia estalló en algunas zonas y poco a poco fue extendiéndose por todo el país. Ahora, tras más de dos años de guerra en Sudán del Sur, las cifras que nos llegan son alarmantes: 1,6 millones desplazados dentro del país y 654.000 sursudaneses exiliados en países vecinos como refugiados por culpa del conflicto en Sudán del Sur. Ya no es sólo la guerra la que empuja a las familias a huir. La escasez de alimentos está obligando a muchos a buscar comida en otras zonas del país. Más de 2,4 millones de personas se encuentran en situación de crisis alimentaria en Sudán del Sur. Cultivos arrasados y malnutrición Tras años de conflicto, muchos cultivos han quedado arrasados y el precio de los productos básicos en los mercados se ha disparado. Esto, para una población que vive principalmente de sus pequeños cultivos y del comercio local, ha marcado la decisión final de muchas familias de huir a lugares más seguros y en los que poder subsistir. El hambre ya está empezando a dejar su huella en muchos sursudaneses: las tasas de malnutrición en las zonas en conflicto son extremadamente altas (entre el 20 y el 34%), y un 80% más de civiles estaban afectados por la inseguridad alimentaria en 2015 en comparación con el año anterior. “Aunque hay pocos alimentos y los niños están enfermos, al menos aquí no hay disparos” afirma Nyepach Benyluok, una madre de 25 años que pasó dos semanas caminando con sus hijos para escapar del estado de Unity. Buscaron ayuda y seguridad en otro lugar del país donde la guerra y el hambre no fueran su pan de cada día. Sin más opción que huir “No tuvimos más opción que venir aquí” dice Benyluok. Ella y las 31 personas que les acompañaron en su huida a Rumbek (en el centro del país) sobrevivieron comiendo frutos secos y plantas silvestres. “Había asesinatos arbitrarios. Incluso los niños eran asesinados al azar. Destruyeron nuestras casas con los alimentos dentro. Era la cosecha que habíamos recogido con nuestras propias manos para sobrevivir en estos duros tiempos” explica. “En el camino, mucha gente se desmayaba. Estaban débiles por la falta de alimentos, pero no te podías parar a ayudarles, eran demasiados. Muchas personas se quedaron en el bosque…” cuenta Benyluok sobre los largos días de camino hasta Rumbek. A pesar de que las agencias humanitarias no pueden trabajar libremente en el país por motivos de seguridad, ACNUR ha estado presente en Sudán del Sur desde que estalló el conflicto y sigue ofreciendo asistencia y protección a los desplazados en el país y a los refugiados en los países vecinos. Además, reparte productos básicos y material de refugio. A día de hoy, esta es una de las emergencias humanitarias más graves a las que hace frente la Agencia de la ONU para los Refugiados. Por ello, se necesita más ayuda para responder las necesidades de los civiles sursudaneses: alimentos y materiales básicos para poder sobrevivir.
La suya es una historia de amor y fe, de guerra y exilio, de cigarrillos y nostalgia por su hogar en Daraa. Es la historia de un hombre que puede narrar décadas de una vida que, en su etapa final, se ha visto truncada por la guerra siria. En 2017, podría haberse convertido en el hombre más viejo del mundo. Postrado en una cama, este patriarca sirio se aferra a sus cigarrillos y a su rosario tanto como a la vida. Una vida de más de 100 años que podría acabar en un campo de refugiados, algo que él quiere evitar a toda costa. Su último deseo es que, el día que muera, le entierren en su Siria natal, un país devastado por cinco años de guerra. Los dos años que lleva viviendo en el campo de refugiados de Za’atari han minado su salud y ahora Yousef apenas puede caminar y ha perdido capacidad auditiva. Su hija cuida de él, pero dice que se le parte el alma cuando le ve en esta situación. Todas las personas que habitan el campo de Za’atari también han perdido todo a causa de la guerra. Como Yousef, son refugiados, pero él es el mayor de todos, y quizá también una de las personas más mayores del mundo. Yousef nunca pensó que su vida acabaría así. Ha pasado la mayor parte de sus muchos años de vida tranquilo, trabajando en su granja y su tienda y cuidando de su familia. Sus más de 100 descendientes están ahora mismo dispersos en distintos puntos del mundo. La guerra siria les ha obligado a exiliarse a países como Alemania, Suecia o Canadá. Él, en cambio, vive en el mayor campo de refugiados de Jordania junto a su hija, su nieto adolescente y algunos familiares más. Los ancianos y los niños son las personas más vulnerables en cualquier campo de refugiados. Gracias al apoyo de nuestros socios y donantes, ACNUR lleva años trabajando para dar respuesta a las necesidades de más de 4 millones de refugiados sirios en la región.