Historias de vida

Michaela DePrince: la huérfana de guerra que se convirtió en bailarina de ballet

Camiones de ACNUR en Africa
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16/10/2012

El debut profesional es un gran evento en la vida de cualquier bailarina de ballet, pero para Michaela DePrince su reciente tour por Sudáfrica también marcó el final de un extraordinario viaje desde su infancia como huérfana de guerra en Sierra Leona.

“Pude escapar de un lugar terrible”, dice DePrince, “no tenía ni idea de que estaría aquí, estoy viviendo un sueño todos los días”.

Michaela nació en Sierra Leona en 1995. Sus padres la llamaron Mabinty, pero justo después ambos murieron en la guerra civil y ella fue enviada a un orfanato, donde se convirtió en un número.

“Nos llamaban del 1 al 27. La número uno era la niña favorita del orfanato y la 27 la menos querida”.
Michaela DePrince, exrefugiada y bailarina de ballet.
Bailarina y exrefugiada

"Me decían que nunca iba a ser adoptada"

DePrince era el número 27 porque sufría de vitíligo, una enfermedad degenerativa de la piel que provoca su despigmentación. Para las “tías” que gestionaban el orfanato, era una evidencia del espíritu maligno dentro de la niña de 3 años. “Me decían todos los días que nunca iba a ser adoptaba porque nadie iba a querer la hija del demonio”, recuerda.

Había una profesora que se interesó por DePrince y que se quedaba para ayudarla después de clase. Un día, tres soldados rebeldes pasaron junto a la verja. “Dos de ellos estaban borrachos y vieron que mi profesora estaba embarazada. Le rajaron la tripa para ver si era niña o niño y como era niña, mataron al bebé y a ella la mutilaron”.

Un día, avisaron al orfanato de que podría ser bombardeado y por ello llevaron a las niñas a un campo de refugiados. Una mujer americana, Elaine DePrince, vino a adoptar a una de sus compañeras y cuando vio que Michaela se iba a quedar allí, se la llevó también.

Así, tras dejar el campo de refugiados, Michaela comenzó una nueva vida, centrada en el ballet, cumpliendo su sueño.

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